Nedstat Basic - Free web site statistics El Juego de Ender

El Juego de Ender
Hete aquí, como Icaro, pero con las plumas pegadas con saliva.

Cierre por derribo

Weno, que el Juego de Ender termina su corto recorrido desde aquel “día extraño” en el que se fraguó. Razones y motivaciones profundas y personales, unidas a la poca disponibilidad del tiempo necesario para mantener la casa medianamente amueblada, me llevan a poner el cartel de “cerrado por derribo”. Con esto no quisiera reconocer que falto al ofrecimiento de mi primer post, en el que decía “que intentaré acercarme al ordenador cada vez que me asalten las ganas de arrancar las teclas a mordiscos”, lo que pasa es que sinceramente, últimamente no sufro de este tipo de asaltos.
Seguiré vuestras bitácoras, me encantáis, os lo digo de corazón. Admiro vuestro empuje y vuestro entusiasmo, cosa que a mi en estos momentos me falta para continuar.

Vaya mi abrazo para todos ustedes, en especial, para Martin y Vendell por supuesto, Yogurtu (lo siento neno), Jaio (algún día te mandaré la foto del cocodrilo con ojos de silicona), para Fura (al que no le agradeceré lo suficiente su magna receta de licor café), Tesuka & Desclaza, Borja, Eledhwen, Erizo, Akin, al Osito (….), y a rvr por permitir que la cosa exista.

Taloguiño.

12:04 | Ender | 3 Comentarios | #

Flores

Después de caminar durante más de cincuenta años con los ojos fijos en lugares que hasta al horizonte se le hacían lejanos, dominando ecuaciones imposibles, comprendiendo órbitas y revoluciones, y construyendo poesía, el hombre ilustre decidió bajar la cabeza, y clavar las manos en la tierra para morir tranquilo, y de su cuerpo, lentamente disuelto, nacieron bellísimas flores que exhalaban profundos aromas, y que crecían alimentadas por el sol, cuya órbita conocía el ilustrado, y por su propio cuerpo.
A escasos metros, y después de caminar durante más de cincuenta años con los ojos cerrados, ignorando todo lo que podía ser conocido, despreciando a sus semejantes, el hombre zafio decidió bajar la cabeza y clavar las manos en la tierra para morir a oscuras, y de su cuerpo, lentamente disuelto, nacieron bellísimas flores que exhalaban profundos, y que crecían alimentadas por el sol, cuya órbita desconocía el zafio, y por su propio cuerpo.

Y formaron ramos con tan bellas flores; para adornar altares en los que coronaron príncipes, para insinuar afectos, para honrar ancestros. Y las arrojaron, cuando al mismo tiempo se marchitaron todas en una tierra donde frescas y bellas flores crecieron de nuevo.

¿Es posible, se preguntó El Creador, tanta belleza?

21:13 | Ender | 14 Comentarios | #

El desván

La casa estaba deshabitada desde hacía tiempo, pero nadie se había molestado en llevarse el mobiliario que permanecía cubierto de una densa capa de polvo sobre la que los ratones habían medio esbozado cuadros surrealistas, quizá los habían completado. No tuvo que ponerse de puntillas para verse reflejado en el espejo que estaba sobre el aparador; daba la impresión de que el tiempo lo hubiese encogido todo.

Revolviendo, encontró sus cuadernillos de Rubio en los que las letras parecían más dibujadas que escritas, mal dibujadas, y le hacían recordar cuanto tiempo habían tardado en dejarle utilizar el bolígrafo en el colegio, condenándolo al público escarnio del lápiz y la goma. Aunque él no había vuelto a por esos recuerdos.

Subió por las escaleras cubiertas con una moqueta, que en tiempos fue roja, y se enfrentó a la puerta del desván que esta vez no vaciló en abrir. Dentro, usando la poca claridad que se escurría desde la claraboya de las escaleras, encontró una lámpara, con la pantalla rota y las articulaciones dislocadas, que ni siquiera intentó encender. Continuó el paseo y prendió una vela, que proporcionaba una luz tan tenue que a la oscuridad no le daba miedo arrojarse sobre ella para devorarla. La llama se achicaba mientras temblaba agitada por la penumbra, pero en ocasiones se despabilaba y ganaba un poco del terreno perdido en el aire negro y revelaba formas difuminadas de colores gastados, que medio despertaban aletargados desde un remoto febrero. El miedo se encontraba en el borde del exiguo volumen iluminado, justo en el mismo sitio en el que lo había dejado veinticinco años atrás, inmóvil y de espaldas, creciendo y menguando al compás de las fluctuaciones de la luminosidad de su bujía. Estaba dispuesto a vencer aquel absurdo pánico que le había vedado la entrada en el desván tanto tiempo atrás.

Pero decidió que hay miedos, que son tan delicados, y tan reconfortantes cuando los recuerdas al meterte por la noche en cama, que no merecen ser mancillados. Y se marchó, prefiriendo saber que todavía existen lugares en los que el miedo le espera, aunque sea el miedo de un niño.

18:22 | Ender | 8 Comentarios | #

Asesinato

Espoleado por lo comentado por Vendell, y sabiendo que al fin y al cabo Vds. no me conocen, por lo que supongo que les dará lo mismo, me decido a contarlo. Es la historia de un asesinato perpetrado con toda la intención del mundo.

Todo esto empezó intercambiando pareceres recientemente con un amigo, que por cierto, posee una de las excentricidades más curiosas que recuerdo haber visto: no le gusta el yogur. Mientras le explicaba mis incómodos pensamientos, comenzó a fraguarse la idea del asesinato; no me mal interpreten, yo tengo un alto sentido del respeto, y creo ser tolerante y comprensivo.

La verdad es que, el sujeto objeto de mi inquietud me producía una irritabilidad sin límites, tan insoportable era, que con solo verlo me hacía hervir la sangre. Ya en el primer contacto se mostró como un ser intratable, trastornado, perverso y petulante y, desde ese día, decidí apartarlo de mi vida tratando de coincidir lo menos posible con él. Viéndolo, aunque él no se percatara, daba la impresión de aparecer como más erguido que el resto, saturando con su atmósfera despectiva a todos los que lo rodeaban. Y eso que su apariencia no daba para mucho, ni su exiguo cuerpo, ni su decrépito aspecto, delataban la retorcida perversidad de su interior.

El día en que finalmente cometí el asesinato sabía que él estaría indefenso en el salón de casa; yo estaba en el bar armándome con dos copas de valor para poder llevar a cabo lo que estaba seguro que era un acto de salvaje crueldad. Tras barajar varias alternativas me decidí por el desmembramiento. Sin más, me dirigí a casa, lo saqué de la estantería de la esquina y, hoja a hoja y despacio, asesiné durante diez minutos la edición de bolsillo de “El Anticristo”.

Bueno, espero que lo que le les haya parecido más aberrante en esta pequeña confesión, haya sido la excentricidad de mi buen amigo, de lo contrario, les ruego que sean comprensivos, sólo lo he hecho una vez, y en el estado en el que vivo, este delito no se castiga con la pena capital.

21:35 | Ender | 13 Comentarios | #

Amanecer Verde

El sol, verde como colas de lagartijas, hacía hervir el agua del mar y su luz al dispersase, proporcionaba al cielo la tonalidad ámbar de los ópalos, como si hubiese sido envuelto en papel de celofán. Los pájaros se retorcían en la orilla, la mayoría invadidos por rítmicos espasmos que anunciaban su final, otros, morían con un último estertor, grave, líquido y profundo.

La arena cristalizaba sobre un fango caliente y negro del que brotaban cientos de minúsculos gusanos que se alimentaban con gula de los cadáveres de las aves que comenzaban a pudrirse. El olor de marea baja perpetua, de algas fermentadas sobre el cieno y de crustáceos secos, era tan viscoso que parecía resbalar por entre rocas de imprecisas formas que crecían en la orilla y que ahora, bajo el sol verde e implacable, se derretían mezclándose con los cuerpos de los cangrejos que intentaban huir hacia un mar en ebullición .

Una criatura gigantesca con las extremidades gangrenadas, emergió cubierta de algas descompuestas y otra, a continuación, se abalanzó sobre ella desde el cielo de azafrán, sujetándola por la nuca y partiéndole la columna vertebral con una torsión ciclópea, hundiéndose ambos enseguida mientras el vencedor ya masticaba la carne macerada de su presa. En la orilla, las arañas se introducían por la boca de los peces para devorarlos desde dentro y depositaban desproporcionadas cantidades de huevos entre sus espinas.

El océano impuro se coloreó con la espesa y ácida sangre de las víctimas de aquella mañana, verde y soleada.

20:07 | Ender | 35 Comentarios | #

Maña

Pesaba 89 kg y medía 1,53, sus padres habían tenido la mala idea de bautizarla con el nombre de Heliodora. Estaba acostumbrada a pasar los viernes en casa, despierta hasta que la noche se moría de viejita, oyendo el bullicio de la calle y el ruido de los vasos rotos desde el salón, mientras gastaba el tiempo a partes iguales entre infocomerciales y donuts rellenos de mermelada.

Un día descubrió que podía ser Barbarella, por ejemplo, enfundada en un traje de cuero negro, portando en el cinturón un látigo con el mango cubierto de brillantes. Desde ese día hizo que cientos de criajos ensuciasen impunemente los servicios de los cibers y soñasen con tenerla algún día mientras ella trasladaba descuidadamente la cobertura azucarada de sus donuts a un pringoso teclado. El único límite era su exuberante fantasía, que empujaba con furia hacia sus manos para levantar soberbias construcciones inimaginadas hasta el justo momento anterior a su alzamiento.

Los salones que había construido estaban atestados mucho antes de su habitual hora de conexión, y cada noche tenía decenas de demandas para establecer conversaciones privadas. Ella los despachaba uno a uno hasta que yacían agotados sobre sus consolas.

Ya no se volvió a sentir insignificante cuando veía a las chicas de la portada del Cosmopolitan, ahora las utilizaba para decirle a su público como se había vestido esa noche, y ellos la imaginaban poderosa sobre sus cuerpos, arrancándoles de cuajo los botones de sus camisas y oyéndolos caer en las baldosas como fichas de parchís; sorbían sus comentarios, gritaban con sus respuestas, expulsando sus deseos por los dedos, exhalando llamaradas de pasión desabrochadas por el concupiscente ímpetu de su recién recibida adolescencia.

Y así, llenó muchas camas hasta desbordarlas, con historias que jamás habían ocurrido, con viajes para los que nunca había sacado billete ni preparado equipaje alguno, con abrazos desgarrados por las redes de comunicaciones y gemidos tan lejanos que los oía tan fuerte y susurros tan potentes, que oía con una fragilidad tan transparente, que parecía que de tan finos se iban a romper.

Comenzó a recordar la persona que no era, y vivió nuevamente hechos nunca consumados más que entre sus sábanas, pasiones prohibidas que ahora confesaba sin pudor a un auditorio expectante que temblaba de vértigo cada vez que recibía una nueva línea. Latigazos lascivos que erizaban la piel de quienes leían sus restallidos, queriendo que fuesen escritos sobre sus carnes, ávidas de ser percutidas con terrible y dolorosa dulzura; castigos entregados con una maña que, aunque nadie lo sabía, era totalmente imaginada.

Weno.. que estuve de vacaciones…y quería contarles esto antes de volver a la realidad.

20:12 | Ender | 6 Comentarios | #

Saña

En fin, cuando me decidí por esto de los blogs, dije: “sólo lo que salga de dentro”, pero, en ocasiones, uno tiene deudas que pagar, aunque sea así.

Verán, Ender conoce a Dombodán, una persona con la que tiene más concomitancia que su carga genética. Él si tiene genio a la hora de escribir. Uno de mis relatos favoritos, que no el suyo, es este que les cuento. Creo que no tiene desperdicio, son dos líneas, no se preocupen:

"De Salgado es conocida su afición al ajedrez y poco más. Al llegar, fotocopia la hoja de pasatiempos del periódico, y no comienza su rutinario trabajo hasta que ha dedicado alrededor de media hora al problema del día; algo del tipo: "Juegan blancas y ganan".

Dice Salgado que el periódico trae siempre una sentencia de muerte disfrazada : "Juegan negras y dan mate en 2", por ejemplo; y que él se afana todos los días en inventar una escapatoria para el bando desahuciado, porque resolver el problema le haría sentirse un verdugo. Eso dice desde lo de su enfermedad. "

En ocasiones, hablamos sobre estos pequeños fragmentos literarios, y yo le pregunto sobre los personajes. Él me dice que no sabe, que los sitúa en el relato como en un experimento de laboratorio, como si la historia que cuenta, tuviese que ser formada mezclándose con las emociones de quien lo lee, no quiere saber más de ellos, evolucionarán a expensas del lector; efectivamente, miente.

Y claro, no te aclara si Salgado ha perdido la cordura, si sufre una grave enfermedad de la que sabe que no escapará, quizás su enfermedad es una alegoría y lo que le pasa es que está "de vuelta de todo"; solo me dice que "Salgado se afana todos los días en inventar una escapatoria para el bando desahuciado".

Entonces uno coge una pala y comienza a excavar en ese personaje, desenterrando raíces cubiertas de arena de piedras trituradas y carbonizadas en cataclismos ocurridos en eras pasadas, descubre esquirlas clavadas en sus recuerdos, arrancadas de los metales de las armas empleadas en mil batallas perdidas, por acercamientos y huidas, casi todas sin explicación hacia lugares desconocidos. Ve saltar sus sentimientos como una gota de agua en una plancha al rojo, agitándose hasta que se evapora, diluyéndose entonces en un aire rancio y enrarecido. Salgado se retuerce porque la realidad no es precisa como un compás ni exacta como un reloj, se derrumba porque la ve como la trayectoria errática de un globo que se deshincha. Salgado pierde la cordura porque todo se enfoca desde el delicado prisma del vencedor, pero sabe también de la desesperada agonía de los perdedores. Salgado sabe que el día que salve al bando desahuciado, habrá condenado al bando amenazador, porque, en el fondo, no es una escapatoria lo que busca, es venganza. Intentará asesinar a su verdugo, al igual que el pastor que descubre moribundo en el lazo, al lobo que esquilmó su rebaño, le extraerá las entrañas poseído por una saña irracional ocasionándole un sufrimiento límite. Las guerras no suelen quedar a medias, al fin habrá violado esa sentencia de muerte. Te deseo lo mejor Salgado.

01:06 | Ender | 4 Comentarios | #

Otras estrellas


Los que tienen afición por el cielo sabrán lo que les quiero decir. Con frecuencia establecíamos secretas competiciones, para ver quien era capaz de poder identificar más constelaciones y nombrar más estrellas. Digo que eran secretas, porque estaban disfrazadas de un altruismo extremo por mostrárselas a los demás, y por eso, por esa sana competición, memorizábamos las cartas celestes antes de salir al monte en aquellas frías noches. Era un orgullo ser el único capaz de reconocer que aquel amasijo de pequeñas luces era Cefeo.

Pero yo ahora les propongo otro juego, también se trata de realizar una cartografía similar, pero sean Vds. sus propios autores, y cambien el firmamento sobre el que se trazan esas líneas y, por que no, cambien también de estrellas. Jueguen a descubrir constelaciones agrupando los lunares que se encuentran en la piel del otro al que aman. Jueguen a ponerle nombre a los más representativos, a los más eróticos; recorran con sus dedos los bordes de esas fronteras recién descubiertas, midan sus distancias, tracen itinerarios, mientras notan que esa travesía les produce una aceleración en el ritmo de su respiración . Descubrirán rutas públicas, al alcance de todos y rutas permitidas sólo a los allegados, pero sobre todo, disfruten de esas que están vedadas a otros, esas que están hechas exclusivamente para Vd. Y después prueben a hacerlo con los ojos cerrados o a oscuras Al principio no serán capaces, pero sustituyan la suave caricia de sus dedos por leves presiones en los lugares en los que se pierden, para advertirle al otro que lo guíe, y luego imaginen que interpretan sobre ese fondo alguna melodía, convirtiendo ese cielo en un instrumento cuyo virtuosismo quieren perfeccionar, y tóquenlo más y más. Es el único lugar en el que coinciden público e instrumento en una sola materia, un público unipersonal que siente la música de sus dedos, con los ojos cerrados y en silencio.

Apaguen el ordenador ahora mismo y echen las cortinas. Un universo les espera.

04:12 | Ender | 16 Comentarios | #

Caida Libre

Probablemente, este será un blog de lo más atípico. Ender sufre desde su adolescencia por una batalla en la que perdió el 38,5 % de sus neuronas, disolviéndolas inútilmente en presencia de grupos hidroxilo. Fruto de esta batalla son los disparates que verán aparecer por esta página. Notarán que la cadencia en la publicación no se ajustará a ninguna función de distribución que figure en los manuales de estadística, pero les prometo que intentaré acercarme al ordenador cada vez que me asalten las ganas de arrancar las teclas a mordiscos. No se preocupen, haré uso de este artilugio con moderación, como los tranquilizantes, y desde luego, guardando ciertas cosas en lugares oscuros y secos, fuera del alcance de los niños, para que no se asusten de nada.

Vaya de antemano un emotivo abrazo para Martin y Vendell, blogueadores que visito con asiduidad, por haberme animado a - permítanme que me ría, pero cito textualmente - compartir mi genio con Vds. También para mis amigos de IO, encontrarlos a ellos fué más bonito que contemplar cualquier cielo estrellado.

Ahora, leyendo esto, y a punto de pulsar el botón de envío, uno vuelve a sentir aquella sensación de cuando era niño y se metía en el mar y comenzaba a nadar torpemente hasta que se daba cuenta de que ya no hacía pié, una angustiosa sensación de pánico que se abría paso desde el vientre hasta alcanzar la garganta. Pero este mar es más salado, y más denso, y sus habitantes más extraños. Supongo que, por seguir con el paralelismo, al principio te los imaginas a todos como tiburones y medusas; entonces me siento desnudo en la orilla, y cojo piedras y busco, encontrando sin duda, cualquier excusa para no tener que pasar de los tobillos, pero me muero de ganas por mojarme y a veces por ahogarme si fuese necesario, para descubrir que este mar está plagado de sirenas y que es de colonia y su lecho está salpicado de caramelos.

Ya conocen la fascinante atracción que se experimenta frente a los precipicios, parece que te llaman, que te incitan a saltar. Ni a tres metros tienes la certeza de que no vas a arrancar en carrera hacia el vacío. ¿no les pasó a ustedes la primera vez?… ¡Dios mío!.. ¡acabo de empezar a correr!

15:34 | Ender | 29 Comentarios | #




		

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